Una Relación Personal
Una Relación Personal
Por: Justin Stuart Sánchez Baltazar
Como cristianos sólo acercándonos a Dios y teniendo una interacción real con Él podemos mantener una relación normal con Dios y obtener la obra del Espíritu Santo. Es como si dos personas se asociaran entre sí, sólo pueden mantener una estrecha relación durante mucho tiempo siendo más abiertos el uno con el otro, comunicándose más cuando encuentran problemas, y comprendiéndose y respetándose mutuamente.
Sin embargo, en estos tiempos acelerados, los trabajos exigentes, las relaciones complicadas y las malas tendencias sociales nos atraen y ocupan cada vez más. Las personas, los sucesos y las cosas del mundo exterior perturban fácilmente nuestros corazones y nos impiden mantener una relación normal con Dios. Esto nos lleva a alejarnos cada vez más de Él y, cuando nos vemos en problemas, se nos hace muy difícil calmarnos ante Dios, acercarnos a Él y buscar la iluminación y la guía del Espíritu Santo.
Tener un encuentro con Dios
Conocer a Dios
Escuchar a Dios
Hablar con Dios
Ser dirigido por Dios
¿Qué puede significar tener una relación personal con Dios?
No es que el conductor del Cadillac no crea en Dios. Igual que la mayoría de la gente, él no es ateo. Ha ido a la iglesia. Su esposa es muy religiosa. Y, sin que ella lo sepa, hasta le ha pedido al cielo de vez en cuando un poco de consideración adicional cuando ha tenido que enfrentar un asunto de negocios problemático o incluso un tiro difícil en el campo de golf.
Por supuesto que ora, pero no se atrevería a afirmar que tiene una relación personal con Dios. Y además, sospecha de los que dicen tenerla. Sospecha que dichas personas se permiten la peor de todas las jactancias.
La oración es el canal a través del cual nos comunicamos con Dios. La oración es el mejor medio para que nuestros corazones logren calmar ante Dios, para contemplar mejor la palabra de Dios, buscar Su voluntad y establecer una relación normal con Él. Pero en la vida, debido a que estamos ocupados con el trabajo o las tareas domésticas, a menudo hacemos como que oramos y tratamos a Dios a la ligera, sólo decimos unas cuantas palabras descuidadamente.
Cuando estamos ocupados, por ejemplo a primera hora de la mañana, yendo al trabajo o con otra cosa, oramos apresuradamente: “¡Oh, Dios! Encomiendo el trabajo de hoy en Tus manos, y Te encomiendo a mis hijos y mis padres. Lo encomiendo todo en Tus manos y te pido que me bendigas y protejas. ¡Amén!”. Tratamos a Dios a la ligera diciendo unas pocas palabras al azar. Nuestros corazones no están tranquilos, ni mucho menos tenemos una interacción real con Dios.
A veces, al orar, le decimos a Dios algunas palabras que suenan agradables y otras que suenan vacías y jactanciosas, pero no le decimos a Dios lo que hay en nuestros corazones. O a veces, cuando oramos, recitamos ciertas palabras de memoria y repetimos siempre esas mismas palabras viejas y rancias,
Se convierte por completo en una oración de un ritual religioso. En nuestras vidas pronunciamos muchas oraciones como esta: oraciones que se ciñen a las reglas, en las que no abrimos nuestros corazones a Dios ni buscamos su voluntad.

Allan Sicaja: Nuestra relación con Dios es demasiado importante en nuestra vida física e espiritual, la relación personal que tenemos con nuestro Señor nos ayuda a saber que camino tomar y las decisiones que tendremos en nuestras vidas, el Señor siempre nos escuchará en todo momento. Muy buena explicación del tema.
ResponderBorrarJustin Higueros: Muy cierto, debemos siempre intentar estar cerca de él, verlo como ese amigo que siempre nos acompaña, muy buena reflexión.
ResponderBorrarEs bueno, ya que debemos mantener una buena relación con Dios.
ResponderBorrarMuy buen trabajo, nos hace entender que a DIos no sólo lo miramos como una eminencia, sino que también como nuestro mejor amigo, el cual le podemos confiar nuestras cosas...
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